Hidrografía de Europa

Los ríos de Europa corresponden a cuatro zonas: ártica, atlántica, mediterránea y oriental. En el Ártico desembocan ríos largos y caudalosos, que suelen permanecer helados durante la estación invernal y provocar grandes inundaciones a causa del deshielo primaveral. Los más importantes son el Dvina Septentrional y el Pechora. Al Atlántico y sus mares interiores fluye una serie de ríos europeos caracterizados por su longitud, caudal y regularidad, lo que los hace aptos para la navegación y para la producción hidroeléctrica. Los más importantes son el Vístula de Polonia; el Oder y el Elba de Alemania; el Rhin; el Sena, el Loira y el Garona de Francia; el Támesis de Inglaterra y el Tajo de España y Portugal. Los ríos que desaguan en el Mediterráneo suelen ser cortos, poco caudalosos e irregulares, con excepción del Ebro, el Ródano y el Po. Los ríos de la zona oriental son largos, caudalosos, regulares y navegables, como el Danubio, el Dniéster, el Dniéper y el Don, que desembocan en el mar Negro, y el Ural y el Volga, que lo hacen en el mar Caspio.

Precisamente es el Volga el río más largo de Europa con sus 3531 Km. Europa cuenta con importantes lagos, que ocupan una extensión de 77000 Km². La mayoría se originaron por la acción de las glaciaciones y el tectonismo, y se reparten en tres zonas lacustres:

– La báltica, cuyos lagos son de origen glaciar, como el Onega, el Ladoga y el Peipus de Rusia o el Vänern de Suecia);

– La alpina, cuyos lagos son también de origen glaciar, como el Constanza y el Leman en Suiza y países limítrofes, o el de Garda en Italia;

– La mediterránea, con lagos de escaso tamaño pero muy profundos, como La Albufera y el mar Menor de España y los del Rosellón en Francia. Europa carece de desiertos, pues, salvo en las regiones bañadas por el Mediterráneo, goza de un rico régimen de lluvias.

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