Administración Turbay Ayala

A López lo sucedió Julio César Turbay Ayala (1916), uno de los más hábiles políticos de la historia de Colombia. Su programa presidencial se basó en tres grandes premisas: la producción la seguridad y el empleo. Durante su administración se concibió el Plan de Integración Nacional (PIN), cuyos objetivos fueron la descentralización económica y el mejoramiento general de la población mediante la integración del país. Se le dio primordial importancia al sector de la energía eléctrica, pues se construyeron varias hidroeléctricas  y termoeléctricas. Se adelantaron dos grandes proyectos mineros: el carbonífero del cerrejón y el de ferroníquel en cerromatoso y se explotaron  más de cien pozos de petróleo, sobre todo en los Llanos Orientales, con buenos resultados. La infraestructura vial del país fue mejorada, especialmente los carreteables, y se construyó la vía a la costa atlántica por Bucaramanga y la autopista Bogotá-Medellín, así como los aeropuertos de Barranquilla y Cartagena;  también se adelantaron obras en el Tapón del Darién. En 1982 se creó el departamento del Caquetá; se introdujo la televisión a color y se adelantó la campaña de alfabetización Simón Bolívar.

Sin embargo, si algo caracterizó el gobierno de Turbay Ayala fue la represión, pues al comienzo de su mandato se dictó el Estatuto de Seguridad, en ejercicio del artículo 121 de la Constitución Nacional, para contrarrestar la actividad subversiva y el narcotráfico, decreto que fue objeto de severas críticas dentro y fuera del país. A la par que se intentó reprimir a tales grupos fuera de la ley, éstos crecieron, se fortalecieron y algunos lograron los grandes golpes publicitarios como los llevaos a cabo por el movimiento 19 de Abril       (M-19), que en febrero de 1980 tomó, durante 61 días, la embajada de la republica Dominicana en Bogotá, con la retención de 17 embajadores, entre los que se encontraban el de Estados Unidos y el nuncio apostólico. Esta acción dio pie al gobierno para romper relaciones diplomáticas con Cuba, las que se habían reanudado durante el gobierno de López Michelsen. El 1 de enero de 1981 y otro comando del M-19 robó cinco mil armas del cantón norte en Bogotá, acción que desencadenó una verdadera <<cacería de brujas>>, en la que fueron detenidos muchos activistas y simpatizantes no sólo de la lucha armada, sino del socialismo y el comunismo, a los que se les acusó de sospechosos de subvertir el orden. Se comprobó, por parte d la Amnistía Internacional y con lujo de detalles, la tortura y la violación de los derechos humanos de infinidad de procesos políticos. Pero no sólo los grupos de Izquierda se consolidaron; los grupos de derecha, aunque fueron perseguidos, también se fortalecieron; apareció la agrupación armada Muerte a secuestradores (MAS) germen de los grupos paramilitares y de justicia privada, que no fue molestado, lo que permitió el crecimiento de este tipo de organizaciones.

El 30 de noviembre de 1979, el ex ministro de educación, ex embajador en Italia y codirector de la revista Nueva Frontera, luís Carlos Galán Sarmiento, (1943-1989) fundo el nuevo Liberalismo, como una alternativa política dentro del partido liberal, apoyado por Álvaro Gracia Herrera y Enrique Pardo Parra. Comenzó así una vertiginosa carrera política que sólo sería frenada con su magnicidio, perpetrado el 18 de agosto de 1989.

En marzo de 1981, el gobierno de Turbay Ayala firmó la ley amnistía orientada facilitar la entrega de ciudadanos levantados en armas, pero no tuvo gran acogida. Luego, en noviembre de ese año, con base en una propuesta del ex presidente Lleras Restrepo, se constituyó la primera comisión de paz, que se desintegró en mayo del año siguiente.   

   La expansión del narcotráfico

Los grupos de derecha se fortalecieron, porque la llamada economía subterránea, fundamentada en actividades de narcotráfico y contrabando, creció y se expandió; de la noche a la mañana personas que nada o poco tenían amasaron grandes fortunas, el caso más sorprendente fu el de Pablo Emilio Escobar Gaviria (1949-1993) que de ser el jefe de una pequeña organización delictiva y dedicada en Medellín y pueblos aledaños al robo y comercio de lápidas, llego a ser unos de los hombres más ricos y poderosos del mundo. En realidad, con la expansión del narcotráfico la sociedad colombiana asistió, con mucha tolerancia, a una nueva etapa de su desarrollo, marcada por la afluencia del dinero fácil. La juventud encontró una vía libre parta conseguir dinero, aparecieron los ricos instantáneos y se multiplicaron los atropellos de quienes reivindicaban con violencia las pasadas penurias; las bases morales y éticas se fueron abajo, una ingente cantidad de dinero se puso en circulación y todas aquellas cosas susceptibles de ser compradas se alinearon en la lógica de la resiente prosperidad: fallos, fueros y garantías judiciales. Obviamente que Escobar, si bien fue el más representativo, no fue el único personaje de la droga; surgieron otras organizaciones clandestinas dedicadas al tráfico de estupefacientes como el llamado cartel de Cali, hábilmente manejado por los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela.

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