Babilonia y asiria

Cuando ya la civilización sumeria estaba bien establecida en Mesopotamia, con la dinastía, de Ur, u pueblo nómada de los desiertos del oeste, los Amorritas, llevó a cabo una serie de incursiones que desembocaron en la caída de la dinastía sumeria. Los Amorritas se hicieron con el control de la mayor parte de las antiguas ciudades sumerias y se establecieron dos grandes potencias: Larsa y Babilonia. El equilibrio duró poco, y pronto Babilonia, bajo el mando de Hammurabi, se adueñó de toma sumeria. Tras sus conquistas, Hammurabi creó una obra monumental: una larga y detallada descripción de leyes denominada el código de Hammurabi. Las numerosas cláusulas detalladas sobre las distintas clases sociales y profesiones constituyen una inapreciable fuente de información para el conocimiento de aquella sociedad. Aunque el Código de Hammurabi no es la recopilación de leyes más antiguas de la historia, sí es con mucho el más preciso y completo de la antigua Mesopotamia. Las conquistas de Hammurabi constituyeron el último gran acontecimiento político de su época. Sus sucesores perdieron parte del terreno conquistado, aunque Babilonia se mantuvo libre durante mucho tiempo. La decadencia política de la ciudad se produjo de manera concluyente en el año 1595 a.C., Cuando el rey hitita Mursil,  descendiendo a lo largo del Éufrates, saqueo el santuario sumerio.

La primera fecha fiable acerca de la estancia de los asirios en Assur  se sitúa hacia el año 2000 a.C. Esta ciudad formaba al principio una pequeña comunidad muy centrada. En la propiedad de la tierra y en el comercio. Pero Assur fue conquistada, como Babilonia, por los Amorritas. La reconquista de Assur data aproximadamente del 1200 a.C. Más o menos desde entonces hasta el 625 a.C., Asiria Extendió su control por el sureste de Asia, como hicieran varios siglos antes Egipto y Babilonia, y en cierto sentido también los hititas. Su poder se siguió extendiendo hasta el Mediterráneo y el imperio entro en su último y mayor periodo de gloria en el siglo VIII a.C. con la fundación de una nueva dinastía de reyes y el traslado de la capital a Nínive, a orillas del Tigris. Poco a Poco, las tierras de Palestina y Siria quedaron sometidas a la monarquía, que confirió  solidez al gobierno de territorios tan variopintos. El control de Babilonia se fue haciendo cada vez más difícil, hasta que los asirios destruyeron totalmente la ciudad desviando el curso del Éufrates. La máxima extensión del imperio Asirio se alcanzó con la conquista de Egipto. En esa época Nínive era una gran ciudad que encerraba templos, palacios reales y riquezas procedentes de los saqueos. Hacia mediados del siglo XIX se encontraron los restos de la gran biblioteca de Asurbanipal, el monarca más destacado de Asiria, con un total de más de 30.000 tablillas  de arcilla. El sistema de gobierno asirio fue uno de los más centralistas y severos de aquella época, y la crueldad de su ejército le convirtió en prototipo de la dureza.

Tras la muerte de Asurbanipal –en el año 626 a.C.- Nabucodonosor II consiguió crear un nuevo imperio Babilónico. La nueva Babilonia creó, como hicieran anteriormente otros pueblos, un gran imperio que llegó hasta las puertas de Egipto. Pero tras la muerte de Nabucodonosor, el reino sufrió otras vez las ambiciones de nobles y sacerdotes.

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