El concordato de worms

El sucesor de Enrique IV, su hijo Enrique V (1106-1125), puso fin al conflicto de las investiduras llegando a un acuerdo con el papa Calixto II (1119-1124) en el concordato  de Worms (1122). En el se reconocía el derecho de la Iglesia a elegir a los obispos y abades, pero permitía que el emperador presidiera las elecciones y diera su consentimiento antes de procederse a su consagración. Poco antes se había ideado  una fórmula de compromiso que aceptaron Francia e Inglaterra: el obispo, elegido por el clero, recibía la consagración espiritual de  otros obispos con la cruz pectoral y el anillo; y el señor laico le confería de inmediato la investidura de los bienes temporales mediante la concesión del báculo.  

 La lucha entre el imperio y el Papado terminaba con este compromiso y el poder temporal sobre el espiritual llegaba a su fin. El Concordato de Worms fue un importante paso dentro del movimiento de la reforma de la Iglesia Cristiana Occidental.

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