El Hinduismo

El hinduismo se remonta a los antiguos tiempos védicos y, quizás, a los tiempos anteriores a la llegada de los arios. A diferencia del Islam o del budismo, el hinduismo no fue creado por una persona determinada, sino que fue el resultado de un largo proceso en  el curso del cual se mezclaron los más diversos elementos.

Es una  religión  politeísta  con  una  inmensa  variedad  de  dioses,  espíritus,  ídolos  y  fetiches.  No  se  basa  en  un dogma  único,  ni  cuenta  con  una  organización  centralizada  común.  Existen  los  más  variados  cultos regionales  y  locales.  Los  mismos  dioses  existen  bajo  nombres  diferentes  y  son  representados  de  distinta manera. La misma persona puede venerar a distintos dioses. Se mezclan la más alta especulación metafísica y los más primitivos sacrificios rituales.

Según el hinduismo existe un alma universal, Brahm, que confiere su unidad al universo y que está presente en todas las cosas y en todos los seres. Se encarna en los dioses a cuya cabeza figura Indra que en los Vedas aparece como el dios supremo. Gobierna   en el cielo y en la tierra. El arroja el rayo, su arma infalible. Con el tiempo se acentuó la importancia de una tríada de dioses,  Trimurti,  formada  por  Brahma,  el  creador,  Siva,  el  destructor,  y  Vishna,  el  mantenedor.  Pero  el panteón hinduista se compone además de un sinnúmero de otros dioses que se manifiestan en las formas más variadas: el dios-mono Hanumán, representado con figura de mono y adorado ante todo en las aldeas rurales;  Ganesha,  el  dios-elefante,  representado  con  cuerpo  humano  y  cabeza  de  elefante,  un  dios  de  la sabiduría.

Brahm, el alma universal, está presente también en el alma individual o atmán. Hay identidad entre el Yo y el universo. Sin embargo, en la existencia terrenal el alma personal está encerrada dentro de su cuerpo material y, por tanto, se encuentra separada del alma universal. El máximo anhelo y la tarea propia del hombre en su vida  terrena  consisten  en  alcanzar  la  fusión  con  el  alma  universal.  Para  lograr  este  fin  el  hombre  debe esforzarse por cumplir plenamente con su karma, la ley de su existencia. El alma individual se puede escapar de los males y sufrimientos de este mundo a  través de sucesivas reencarnaciones. Según la doctrina hindú de la transmigración de las almas, el alma se encarna de nuevo después de que muera el cuerpo. Según la manera  en  que  cada  uno  ha  cumplido  con  su  karma,  el  alma  puede  descender  o  ascender.  El  alma  de quien no se ha perfeccionado se reencarna en un ser inferior: puede renacer como miembro de una casta inferior y aun puede reencarnarse en un animal, un ratón, una rana o un lagarto. En cambio, el alma de quien se ha perfeccionado y purificado mediante el estricto cumplimiento de las leyes espirituales y morales del hinduismo, renace como miembro de una casta superior. A través de sucesivas reencarnaciones puede ascender a la casta más alta y renacer como brahmán. Si en nuevas reencarnaciones como brahmán el alma alcanza la máxima perfección y santidad, se identifica con el alma universal y no regresa a la Tierra. Se ha cumplido definitivamente su karma y por eso queda liberado de él. Se ha producido la identificación del Yo con el universo. Los hindúes creman a sus muertos con el fin de que el cuerpo físico quede reducido a cenizas y de que el alma quede liberada para nuevas reencarnaciones.

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