EL HOMBRE: UNICO SER LIBRE Y RESPONSABLE(max sheler)

La existencia humana, según los defensores de la presente idea, solo es posible en la medida en que se dé la total libertad de elección, la más absoluta responsabilidad moral ante los propios actos y la completa  claridad de que el hombre es un autor con una misión.

Expliquemos: ante el mundo físico mecánico, el ser humano es el único capaz de actuar según su propia voluntad. En esta acción, el mundo simplemente será el piso sobre el cual se llevara a cabo. El mundo se limita a repetirse a sí mismo como una máquina y sin sentido y sin valor intrínseco alguno. Por ello el mundo no influye ni predispone la acción del hombre. Así, el es enteramente libre.

Como aquella total libertad de elección y de acción del hombre, presupone que no existe ningún condicionante, entonces el ser humano es el absoluto responsable moral de cada uno de sus actos.

Si el actuar de una persona está en algún modo condicionado por algo, aquel sujeto no es el total responsable de su acción. Al fin y al cabo, actuó de aquella manera no tanto porque quiso, sino porque las condiciones  a que estaba sujeto lo llevaron a ello. Al no existir ninguna condición, solo el sujeto se pueden  hallar los móviles de la acción. Y no puede pensarse en condición alguna, pues el mundo es un mecanismo  sin valor ni sentido, y que tan solo se repite a sí mismo, como un muñeco de cuerda.

La condición humana

Dadas las dos condiciones anteriores, entonces el hombre no puede ser otra cosa que él o autor de su propia existencia, y el autor o dador de sentido y valor al mundo.

Por mucho que lo deseara, no le sería imposible ser actor de un mundo ya determinado mecánicamente, de una vida sin condicionantes. No tiene más alternativas que las de ser libre, responsable de su acción y autor original de cada día que viva.

Y para que el hombre pueda cumplir con estas características y desarrollar una verdadera existencia humana, no es posible aceptar la existencia de nada ni nadie superior  a él, y que por lo tanto, pueda hacer las veces de condicionante o modelo a seguir. Por esta razón, esta concepción antropológica parte del ateísmo.

Tengamos presente que dentro d esta concepción antropológica, el ser humano en ningún momento es liberado de carga alguna. Muy por el contrario, quedan sobre sus hombros las más pesadas y definitivas responsabilidades: la libertad, la responsabilidad moral y la autoría del sentido de su propia vida y de la naturaleza entera.

De alguna manera la existencia de un Dios no es incompatible con la concepción antropológica del homo faber o del hombre decadente. Pero en este caso, más que la existencia, la idea misma de Dios choca plenamente con la de un hombre libre, responsable y autor de  su propia vida y del sentido del mundo.

Tal exaltación del hombre como supremo, y mejor aun, único valor de cosmos, llevo a Nietzsche a decir:”si hubieran dioses, ¿Cómo podría consentir  yo, no ser Dios?”.

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