El problema religioso durante la colonia y la republica en Colombia

El conflicto entre la iglesia Católica y el gobierno nacional estalló a mediados del siglo XlX. El enfrentamiento entre los partidarios  de las libertades y las clericales, entre, los intereses laicos y los tradicionales o conservadores, se produjo a raíz del afán del laicismo por llegar a la separación entre la Iglesia y el Estado, la secularización de la educación, la libertad de cultos, el libre pensamiento y la desamortización de los bienes de manos muertas.

Antecedentes coloniales

Durante la época colonial, la Iglesia había adquirido una notable influencia económica, social, política, cultural e ideológica,  la cual fue consagrada por el sistema del patronato los curas párrocos tenían una autoridad absoluta y un gran poder de convencimiento sobre los miembros de su feligresía; existía una confusa relación entre la asociación entre la religión y la política, entre la Iglesia y el estado; el estamento religioso mantenía un control sobre la vida nacional y su voz era decisiva a la hora de una u otras decisiones importantes. Obviamente hubo, regiones en las que ese poder fue mayor, debido a las características de la colonización y evangelización. Cundinamarca, Boyacá, Nariño y algunas zonas del Tolima y Huila, en donde había una población aborigena sobre la que se impulso la encomienda, el resguardo  y la mitad, vieron lugar a una estructura del latifundio y minifundio y a una rígida estratificación socio-racial. En esta los naturales estaban regularmente adoctrinados por el clero y tenían al cristianismo como una religión de tiempo mágico-naturalista, que no invitaba a la transformación del mundo y de la sociedad, si no al conformismo con la situación existente, y cuya misión fue sacralizar y unificar el orden establecido y la autoridad cívico-religiosa. Los indígenas, a consecuencia de las reformas liberales de mitad de siglo, entraron a engrosar las filas del partido conservador. Muy diferente con la situación en el choco, gran Cauca y en las costas, donde se concentro un alto porcentaje de población negra esclava, la cual tuvo una evangelización muy superficial y poco constante; allí hubo un menor influjo social y político del clero católico y se practico una religión con características sincréticas, entendida como naturalista, que busco adaptar el individuo a la situación social y natural que imperaba el medio. La misma opero como elemento de reconciliación con la situación de operación, sacralizo el poder establecido y la estructura socioeconómica y creo una situación de resignación pasiva ante los problemas y situaciones.  En Santander, por el contrario, el papel de la Iglesia fue distinto pues allí hubo una zona de colonización netamente hispana, en la que se estableció una economía basada en la pequeña y mediana propiedad agrícola, que creo una población dedicada a la agricultura,  la artesanía y el comercio, dinámica y propicia al cambio, de allí que durante el siglo XlX se diera un predominio de liberalismo radical y una abierta rebeldía a la institución eclesiástica. En Antioquia, la cuestión religiosa presento un matiz diferente, con las condiciones socioeconómicas allí impuestas crearon una amplia población dedicada al mazamorreo del oro, con una clase dominante dedicada al comercio y a la industria, a la que no le intereso disminuir el inflijo del clero en la vida social de la región, al punto que Antioquia fue donde s presento la más lata tasa de matrimonios católicos.

La Iglesia ante la independencia

Durante la independencia, la gran mayoría del clero neogranadino se solidarizo con la causa, pues sus intereses coincidieron con los de la oligarquía criolla que acaudillo el movimiento emancipador. La participación de los curas independistas fueron diferentes: hubo intelectuales revolucionarios y hasta guerrilleros. A diferencia de la base sacerdotal, la jerarquía episcopal permaneció a la corona española, y al producirse la separación de España fueron relevados de sus cargos.  Por un tiempo hubo ciertos trastornos, pues se cerraron seminarios, hubo escases de ordenaciones, etc., pero la iglesia logro mantener su posición prominente y aún la aumentó pues a menudo sus representantes fueron elegidos popularmente y participaron en juntas, congresos y asambleas; continuo su poder de persuasión sobre las masas, pero disminuyo en los sectores cultos y particularmente entre los liberales, proceso que se acrecentó luego de la disolución de la gran Colombia en 1839, cuando comenzó a sobresalir una nueva generación republicana, anticlerical y antirreligiosa, seguidora de la masonería y de las ideas pedagógicas de Bentham, generación que dominaba el senado de la republica y parte de la Cámara. Sin embargo, los sectores populares continuaban siendo influidos por el clero que nunca llego a plantearse el derrocamiento del gobierno, ni la dirección de una rebelión, pues estaba acostumbrado a mantener una actitud de obediencia con respecto al estado.

La separación entre la Iglesia y el Estado. 

El conflicto religioso comenzó a partir de la expedición por parte del gobierno liberal de José Hilario López de las reformas de medio siglo. En principio, fue contra la preminencia de la Iglesia que el liberalismo enfoco sus baterías,  y muy especialmente los llamados liberales radicales. En realidad, la Iglesia católica neogranadina no estaba preparada para un régimen de civilización propano y secular, que respondía los intereses de la burguesía en ascenso, inspirados en el ideal de progreso, en la tolerancia y en el libre pensamiento, con los que pretendía demostrar la estructura colonial, en donde el estamento religioso había obtenido gran preponderancia y había ayudado a reproducir la estructura socio-racial imperante. El liberalismo, por su parte, quería dinamizar la sociedad y secularizarla, buscaba entonces una autonomía de lo temporal y lo político con respecto de la tutela eclesiástica, crear un nuevo <<ethos cultural>>, más acorde con el sistema burgués de vida. De las reformas de medidas de medio siglo que más despertaron discusión y dividieron a la población fue la de la expulsión de los jesuitas, la que se hizo efectiva luego de muchas vacilaciones, y cuyo decreto de expatriación se publico el 21 de enero de 1850. Los padres de la compañía mantenía un espirito de partido y auxiliaban políticamente a la parcialidad conservadora mediante campañas de propaganda política, de predicación de las ideas que defendía esa colectividad. Los jesuitas promovían la intolerancia religiosa, el dogmatismo y la negación de la autoridad y la razón humana, para lo que se  valieron de la educación que impartían en los colegios que regentaban. Este punto produjo una división entre projesuitas y antijesuitas, bandera esta última que fue asumida por la masonería colombiana, al punto que incluyeron a su tradicional juramento, <<odio eterno a la tiranía y a los tiranos>> el de <<guerra a la compañía de Jesús>>. A partir de 1853, con la expedición de la constitución de ese año, el conflicto entre la Iglesia y el liberalismo se agudizó. El presidente, general José María Obando, insistió en la conveniencia de separar la Iglesia y el Estado y uno de los más brillantes ideólogos de la generación radical, Manuel Murillo Toro, enfatizo que aras de la tolerancia debía haber libertad de culto y de creencia. Finalmente, el 15 d junio de 1853, fue sancionada la ley de separación. Más adelante, en 1855, se sanciono la ley  sobre libertad religiosa, en que se declaro que no había religión estatal y se instituyo el matrimonio civil obligatorio y el divorcio vincular. La mayor resistencia a tales medidas las presentaron los obispos, pero no suscitaron reacción alguna en el pueblo ni en los sacerdotes, ya que, finalmente, fueron reformas que no atacaron a la doctrina católica, aunque si intervinieron en sus intereses políticos y económicos, así como sus privilegios, en 1858, después del golpe del general Melo, con el regreso del conservatismo, al poder, la compañía de Jesús volvió a ser contratada y se encargo  del colegio d San Bartolomé donde la encontró l revolución del general Mosquera, quien la expulso nuevamente al comprobar su intervención en política. No fue la única medida que tomo el general Mosquera: la desamortización de los bienes de la Iglesia busco disminuir el poder económico de esta, poseedora de la tercera parte de las tierras cultivables del país. A demás, fue una medida fiscal que alivio al tesoro público, prácticamente en bancarrota. Sin embargo, la desamortización solo logró remplazar el latifundio eclesiástico  por el latifundio laico, y lo que era una gran medida económica destinada a poner en circulación, en provecho de todos, la inmensa riqueza del clero, mediante su conversión de cenos y rentas, se convirtió en un arma que se le devolvió al Estado, pues hirió el sentimiento religioso del pueblo y ocasiono una funesta pugna de varias décadas.

Compartir Publicación

0 0 vote
Article Rating
Suscribete
Notificar a
guest
0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments