El Reinado de Clodoveo

La creación del reino franco en Galia no fue el resultado de una campaña militar brillante o de un golpe de fortuna, si no de un proceso de expansión que duro aproximadamente un siglo, aunque en su momento álgido coincida con los veinticinco años de reinado de Clodoveo, personaje contemporáneo de Teodorico y y al igual que este protagonista principal en la formación del reino germánico.

La conversión de Clodoveo supuso la conversión del resto de francos.
La conversión de Clodoveo supuso la conversión del resto de francos.

La instalación de los francos en el norte de la Galia se inició hacia el 440 bajo el siglo de la fragmentación política y la reforma de colonización agraria. Solo a partir del 480 la presencia de un personaje singular, Clodoveo, consiguió aglutinar en torno a su persona a todo el pueblo salió, que se lanzó a una expansión fulgurante e impensable unos años atrás. Los hitos que alojan esta progresión vienen marcados por la victoria de Soissons (486), Tolbiac (496) y Vouillé (507), obtenidas respectivamente sobre los galorromanos de la zonas parisina, los alamanes, cuya expansión hacia el sudoeste fue cortada en seco, y los visigodos, que perdieron todos sus territorios que controlaban en la zona centro y sur de Galia, conservando un pequeño territorio -la septimania- gracias a la intervención protectora del astrogodo Teodorico, tan solo el reino de borgoña, situado en la zona oriental de galia, con el que Clodoveo estableció una alianza refrendada por el matrimonio con una princesa burgundia, quedaba fuera del dominio franco.

En los años finales de su reinado, Clodoveo consiguió la sumisión de los francos ripuarios de colonia de los situados en el rin, Mosa y Mosela, lo que le permitió ampliar su reino hacia el norte.

El reinado de Clodoveo no solo supuso una considerable expansión del dominio franco en Galia, sino que también los inicios de la fusión entre los invasores y los provinciales romanos. La aceptación del catolicismo por parte del rey y de la nobleza, en una ceremonia que tuvo lugar en Reims, marca el punto de partida de la colaboración entre galorromanos y francos, unidos por la misma fe. Rota la barrera religiosa, se produjo la unidad legislativa del derecho público, aunque en los asuntos privados cada pueblo siguió rigiendo por sus propias leyes. De este modo, el reino franco se sentaba sobre una amplia base social y una unidad de interés que facilito la fusión e impidió cualquier intento de reconquista por parte de Bizancio.

 

 

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