El reino de castilla

De los cinco estados existentes de la península ibérica al comenzar la baja edad media -Portugal, Castilla, León, Navarra, Corona de Aragón y Granada- castilla era, sin lugar a dudas el más importante por extensión y población, y el único de los reinos cristianos que no había concluido su ciclo re conquistador, pues según los acuerdos establecidos con Aragón, le correspondía la conquista del reino nazarí de granada. Sin embargo, este objetivo no fue alcanzado durante el periodo bajo medieval, porque la corona castellana vivió en estos dos siglos una continua crisis política como consecuencia del enfrentamiento entre nobleza y monarquía.

Los grandes avances producidos en el siglo XVII aumentaron considerablemente los territorios y el poder de la monarquía, que tendió a establecer un gobierno autoritario y centralista influida por recepción del derecho romano. También la nobleza, que había sido beneficiada por las ultimas conquistas y había visto crecer sus señoríos y sus riquezas, pretendían poner un gobierno, en que la dirección del reino fuese compartida por el rey y la aristocracia. El choque entre estas dos concepciones antagónicas no se limitó a un simple enfrentamiento dialectico, si no que dio lugar a violentas luchas, al amparo de diversas cuestiones, planteaba que modelo de estado había de considerarse en un futuro en el país.

Los primeros pasos de esta pugna entre dos concepciones antagónicas ocurrieron en el reinado de Alfonso X, cuando el infante Don sancho (el futuro Sancho IV) se sublevo contra su padre, negándose a aceptar el testamento que legaba el trono a los hijos del primogénito, Fernando de la cerda, ya fallecido, con preferencia al segundogénito. Las minorías de Fernando IV y Alfonso XI fueron campo abonado para que la nobleza disputara el poder a la monarquía, cuyos intereses debió defender María de Molina, madre y abuela, respectivamente de los citados reyes, apoyada por las ciudades y algunos pequeños nobles. El reinado de Alfonso XI significo un importante avance de las tesis monárquicas, pero, a su muerte, su heredero legitimo Pedro I, tuvo que hacer frente a una gran rebelión  nobiliaria que había escogido como candidato al trono a un bastardo de Alfonso XI, Enrique de Trastámara. La guerra civil se complicó con la intervención de ingleses y franceses (príncipe negro y Bertrand du Guesclin), y el triunfo de Trastámara no supuso un final del conflicto político, pues sus descendientes mantuvieron las mismas tendencias autoritarias y centralistas, provocando la reacción nobiliaria, que encontró dirigentes cualificados entre los mismos miembros de la dinastía: Epílogos trasmataras, infantes de Aragón, príncipe enrique, príncipe Alfonso, princesa Isabel. Esta última, cuando accedió al trono con el apoyo aristócrata, inclino el fiel de la balanza a favor de la monarquía, tras la guerra de sucesión luso-castellana.

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