Japón: el mundo exterior

Los mares que rodean las islas japonesas sirvieron de barreras protectoras contra las invasiones extranjeras. En 1281 el gran conquistador Kublai Kan, emperador de la China, envió 900 barcos y 25.000 guerreros para conquistar las islas. Mas los japoneses opusieron fiera resistencia. Muchos barcos se hundieron en un violento temporal. Kublai Kan se desistió de repetir la empresa. Varios otros intentos de invadir las islas desde el continente fracasaron igualmente. En el siglo XVI los japoneses, por su parte, procuraron extender su dominio sobre las tierras del continente. En 1592 invadieron el imperio chino, aprovechando el debilitamiento del poder de la dinastía Ming. Sin embargo, China recibió el apoyo de los coreanos que destruyeron la escuadra japonesa. Los japoneses se replegaron sobre sus islas. En el mismo siglo XVI se produjo el primer contacto entre el Japón y los europeos.

misioneros portugueses

En el año 1542 los navegantes portugueses desembarcaron en los puertos japoneses y establecieron un activo intercambio comercial. San Francisco Javier, el gran misionero jesuita, inició la evangelización. A fines del siglo XVI ya había unos 150.000 cristianos en el Japón.

A los portugueses siguieron los españoles, holandeses e ingleses. En un comienzo, los shogunes tuvieron una actitud amistosa frente a los misioneros cristianos y a los mercaderes europeos. Sin embargo, a comienzos del siglo XVII revisaron su política, ya que llegaron a la conclusión de que la influencia extranjera constituía un peligro para su poder y para la cultura japonesa. Al mismo tiempo los mismos europeos se desprestigiaron a raíz de las rivalidades y contiendas que se produjeron entre los jesuitas portugueses, los franciscanos españoles y los protestantes holandeses e ingleses. En 1614 el shogun ordenó por medio de un decreto que todos los sacerdotes cristianos abandonasen el país, que las iglesias cristianas fuesen quemadas y que los japoneses conversos renunciasen a la fe cristiana. Luego el shogun prohibió a los comerciantes europeos pisar tierra japonesa y prohibió a sus súbditos abandonar el país. Sólo los comerciantes holandeses fueron autorizados a mantener una factoría comercial en una pequeña isla frente a Nagasaki. Durante los siguientes dos siglos Japón se mantuvo aislado del resto del mundo

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