la deriva continental

Se pueden distinguir dos tipos de placas que intervienen en estos movimientos: las placas oceánicas que se hunden y las placas continentales que se levantan.

El primer científico que intuyo el fenómeno de movimientos de grandes masas de corteza terrestre fue A.L.Wegener (1880-1930), en su libro Origin of continents and oceans, publicado en 1922. En él, Wegener expone la teoría de la deriva continental, es decir, del movimiento de separación de los continentes unos de otros.

Esta teoría causo un gran revuelo en la comunidad geológica, la cual alego la “imposibilidad” de este tipo de movimientos masivos por la supuesta ausencia de fuerzas capaces de producirlos.

El problema real, en principio, era investigar ante todo si el movimiento había ocurrido o no, antes de indagar por sus causas. En este orden de ideas se trató de encontrar pruebas que indicaran que los continentes estuvieron unidos.

Estudios geológicos detallados de las costas americanas y africanas, enfrentadas con el océano Atlántico, comenzaron a proporcionar pruebas irrefutables de este hecho. La paleontología, con el estudio de restos animales y plantas a ambos lados del océano Atlántico, proporciono aún más evidencias. Posteriormente, los estudios del fondo oceánico, concretamente de la llamada dorsal del Atlántico Medio, rindieron las pruebas finales de esa separación.

Con ejemplos de los hechos geológicos que estudiaron para llegar a estas conclusiones, se pueden citar que las minas de diamantes de Suramérica se correlacionan de manera notable con las de Brasil y se encuentran enfrentadas, separadas por el océano Atlántico, cuyo fondo tiene una geología totalmente diferente; esto indica que el fondo del océano se formó siguiendo procesos geológicos diferentes. Más tarde se comprobó que también se había formado con posterioridad. Por otra parte, la vegetación de épocas pretéritas, tan antiguas como el Cretácico Medio, es similar a los lados del océano, en tanto que las especies vegetales más nuevas comienzan a diferenciarse hasta llegar a ser completamente diferentes. Existe la incógnita de por qué fueron similares hasta una época precisa y luego fueron tan diferentes. Se tiene que concluir que los continentes en que se encuentran estuvieron unidos hasta esa época, para luego separarse. Así mismo, los restos animales obedecen al mismo patrón de separación y diferenciación de especies a partir del Cretácico Medio.

Aún más sorprendente es la edad de las rocas volcánicas más antiguas del fondo del oceánico Atlántico, medida según las muestras tomadas por barcos de investigación oceanográfica: resultaron ser del Cretácico Medio en las cercanías de los continentes americano y africano y más jóvenes hacia la dorsal medio-oceánica. Al lado y lado de la nombrada dorsal, se encuentran franjas de material volcánico correspondiente a sucesivas erupciones que se pueden correlacionar de manera admirable.

Después de reunir pruebas que confirmaban la separación de los continentes, el siguiente paso consistió en reunir información para explicar el origen de las fuerzas que pudieran producir este fenómeno. Los descubrimientos hechos con el estudio de las dorsales oceánicas, observando la actividad volcánica de estas, indujeron a pensar en la existencia de corrientes de convección, es decir, en una circulación de materiales que salen a la superficie en las dorsales y se hunden bajo los continentes.

La dorsal del Atlántico Medio produce erupciones volcánicas que se acumulan a lado y lado de la enorme fractura que las emite; cada nueva erupción produce presiones que tienden a apartar los materiales del evento anterior. Este fenómeno, repetido muchas veces, produce fuerzas que tienden a mover cada una de las placas a lado y lado de la fractura en direcciones contrarias, arrastrando consigo el continente adyacente. Al mismo tiempo, la dorsal del Pacifico está actuando de la manera similar, pero su placa se sumerge bajo los contienes americano y asiático.

El fenómeno no es en realidad tan simple como se expresa aquí; estudios detallados de la fauna fósil de diferentes lugares del mundo han demostrado que sitios que hoy están en latitudes polares o subpolares estuvieron alguna vez en zonas tropicales. Se ha podido deducir esto por la presencia de arrecifes coralinos antiguos en la zona de Alaska. Si se tiene en cuenta que el coral solo vie en zonas tropicales y subtropicales, se debe admitir que estos terrenos estaban más alejados del polo en esa época que hoy día, o admitir que el eje de giro de la Tierra ha cambiado.

Medidas precisas de la polaridad magnética de minerales pertenecientes a rocas solidificadas hace muchos millones de años, parece indicar que hubo cambios en las posiciones de los polos magnéticos, así como cambios en su misma polaridad. Es muy probable que el polo magnético haya siempre coincidido con los polos geográficos, con variaciones seculares que no son de magnitud muy grande, lo que confirma de nuevo que los polos pudieron haberse movido o que los continentes en que se encuentran las rocas estudiadas modificaron su posición.

Es poco probable que el eje de giro de la Tierra haya cambiado; en cambio, es más factible que la posición de los continentes se haya modificado. Por tanto, los continentes se movieron sobre el manto, separándose unos de otros o colisionando eventualmente unos contra otros, como en el caso de India y Asia.

Esta visión muy simplificada de los movimientos masivos de placas, a partir de las dorsales oceánicas repartidas en forma irregular a lo largo de los fondos oceánicos, no es sino el comienzo de una forma de entender los fenómenos que ocurren en la corteza terrestre. Las escalas de estos fenómenos son globales; una modificación de este orden de magnitud, sufrida en cualquier parte de la Tierra, afectara toda la superficie del planeta.

Hoy día se encuentran fracturas con abundantes erupciones volcánicas que parecen el inicio de una separación de dos masas continentales. Tal es el caso del mar Rojo, en cuya parte central se halla una gran fractura volcánica que aparentemente está separando la península de Arabia del norte de África.

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