La guerra de los treinta años

El conflicto conocido como la guerra de los treinta años surgió directamente del acuerdo religioso y administrativo de mediados del siglo XVI conocidos como la paz de Augsburgo.

En materia religiosa este tratado estaba destinado a congelar las posiciones obtenidas por católicos y luteranos en 1555, si bien los calvinistas fueron excluidos. Por  surgieron graves problemas que se extendieron inexorablemente durante las décadas siguiente por el continuo progreso del luteranismo, y especialmente por el desarrollo del calvinismo. El acuerdo de Augsburgo no fue solamente una tregua religiosa también incluida las previsiones para incluir la paz en los diez círculos estaban controlados por príncipes que dependían del emperador en la práctica, el poder imperial tenía muchas dificultades para afirmarse. En Alemania, los intereses en juego eran muy complejos. Lo que luego complicaría esta larga contienda, fue el hecho de que esos conflictos internos se sumaran rivalidades existentes y entre los diferentes poderes europeos. Los suecos y los daneses, por las costas de báltico. Los holandeses no podían permanecer inmóviles mientras los territorios del rin cambian de dueño. Los franceses vieron en el conflicto alemán  una ocasión para proseguir su antigua campaña contra los Habsburgo. Incluso el rey de Inglaterra intervino en algún momento en la guerra, aunque de forma poca afectiva

La disputa se originó a causa del trono de Bohemia, que enfrento a los Habsburgo con los Checos esos últimos impusieron su rey pero con el avenimiento de un nuevo emperador se reinició la confrontación hasta que el, en 1620 las tropas imperiales entraron en bohemia que, en 1627, pasaba hacer posesión hereditaria de los Habsburgo.

A principios de la década de 1920 el verdadero foco de conflicto era el Rin. Por un lado, la católica Francia lucho junto a los poderes protestantes de Suecia y Holanda, mientras que los luteranos alemanes  apoyaban a los poderes católicos de España y Austria. El cardenal francés Richelieu intervino para salvar la cusa protestante y con ella la política exterior de su país. Por su parte, el rey sueco Gustavo Adolfo derroto a los ejércitos católicos, mandados por Tilly  y Wallenstein, hasta su muerte en la batalla de Lützen en 1632. Durante su reinado afirmo el poder sueco sobre el Mar Báltico, en el que desfallecida la antigua fuerza de la liga Hanseática. En 1935, los luteranos alemanes se unieron a los católicos de Viena contra los suecos a cambio de la libertad de culto. A estas alturas, el conflicto había dejado de ser una guerra  de religión,  pues los Borbones de Francia peleaban abiertamente con los Habsburgo de Austria y España. Mientras los generales Franceses vencían en tierra, los holandeses atacaban las posiciones portuguesas de ultramar y derrotaban en el mar a este país y a España. Entonces, Portugal aprovecho la ocasión para separarse definitivamente de España. La Península Ibérica había permanecido unida políticamente desde 1580 hasta 1940.

La Paz Westfalia

A principios de le década de 1940 la mayoría de los beligerantes estaban dispuestos a iniciar las conversaciones de Paz. En España acababa de caer Olivares; en el imperio, Fernando III adoptó una postura realista y renuncio a las ambiciones imperiales en favor de una política de consolidación del patrimonio interior de los Habsburgo; en Francia, Mazarino Sucedió a Richelieu en 1642, mientras que los holandeses se convencieron de que la amenaza ya no residía en Madrid ni en Viena. Sino en Paris. De este modo las negociaciones conocidas como la paz de Westfalia se pusieron en marcha.

La primera consecuencia fue la libertad de culto en las posiciones hereditarias de los Habsburgo. El emperador concedidos a los príncipes de los estados alemanes una total soberanía. Todos los principales opositores obtuvieron beneficios a costa del imperio Francia adquirió Alsacia, además de Toul, Metz y Verdún; Suecia recibió una gran parte de Pomerania, y a Brandenburgo no solo se le dio el resto del territorio pomerano, sino también varias pequeñas regiones que unían el ducado de Brandenburgo con sus posiciones del Rin.

El resultado del ajuste fue claro. Los suecos fracasaron en su aspiración de mantener posiciones en la costa meridional del Báltico, y los franceses y prusianos adquirieron territorios que les abrían vías para una posterior expansión de importancia, Después de Westfalia se vio claro que no sería Sajonia, sino la Prusia de Brandenburgo, la futura potencia del norte de Alemania. Igualmente Significativos fueron los eclipses del imperio y del Papado. Los Habsburgo dirigieron sus objetivos hacia la consolidación de sus posiciones hereditarias, y el Papado comprendió que ya no podía confiar en las sanciones eclesiásticas para hacer oír su voz en la política europea. A partir de la paz de Westfalia se iniciaba la costumbre de convocar grandes encuentros de estadistas tras las grandes guerras para reajustar las fronteras según las nuevas realidades de poder

 

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