La política de una buena vecindad de los Estados Unidos

 

Las diversas medidas aplicadas al interior de los Estados Unidos con ocasión del Nuevo Trato, fueron tan eficaces, que en dos años se mostró al mundo la sustancial reducción de los problemas referentes a la producción, el mercado y el desempleo particularmente.

En el campo de las relaciones internacionales, la Buena Vecindad generó en América latina los siguientes resultados:

1933, Pacto de Montevideo, Séptima Conferencia Internacional de Estados Americanos, mediante el cual se consagró el principio de la no agresión o no Intervención de un Estado en los asuntos internos o externos de otro Estado.

1934, Abrogación de la Enmienda Platt en favor de cuba, la cual representó una segunda independencia política, a pesar de mantener el dominio total sobre la explotación del azúcar, por parte de las compañías americanas.

1936, Tratado con Panamá para poner fin a la intervención, el cual fue ratificado en 1939.

1936, Conferencia interamericana celebraba en Buenos Aires, en las que se destacaron los siguientes aspectos:

– La consagración del principio de la No Intervención; el sistema de consultas a los gobiernos de las repúblicas americanas para prevenir la guerra y tomar las medidas adecuadas y la solución pacífica de las controversias que surgieran entre los estados americanos. El artículo primero del Protocolo expresaba:

Las altas Partes Contratantes declaran inadmisible la intervención de cualquiera de ellas, directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los asuntos interiores o exteriores de cualquiera otra de las partes. La violación de las estipulaciones de este artículo dará lugar a una consulta mutua, a fin de cambiar ideas y buscar procedimientos de avenimiento pacífico.

1940, Abrogación del Protectorado existente en la República Dominicana desde 1924.

No se puede desconocer el viraje positivo de la política exterior norteamericana frente a América latina, desde 1930. Sin embargo, las medias adoptadas, sólo corroboraban que la mayoría de ellas ya no tenían la urgencia que se volvió en el momento de su creación, o estaba a punto de expirar. De otra parte, ante el avance de la segunda guerra mundial, era necesario contar con la lealtad de los países latinos para asegurar una cruzada antinazi, que empezaría por obtener de Centroamérica y las Antillas la autorización para la construcción de bases navales, que garantizaran su defensa y se adelantaran, gracias a las excelentes relaciones derivadas de la política de Buena Vecindad. Sobra resaltar que esto fue fácil dado el respaldo incondicional de las guardias nacionales organizadas en cada país por los Estados Unidos, y al liderazgo continental de Roosevelt para estimular sentimientos de solidaridad hemisférica.   

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