La primavera de los pueblos

Durante las revoluciones burguesas de 1848 se destaca, la rebelión que se inició con la caída de Luis Felipe de Orleans, en parís el 11 de febrero del mismo año, quien  huyó a Inglaterra. Francia se convirtió por segunda vez en República. La revolución fue obra, principalmente, de grupos de la pequeña burguesía y de los obreros. El gobierno republicano,  en  respuesta  a  las  exigencias  del  proletariado,  reconoció  el  "derecho  al  trabajo"  y  organizó "talleres nacionales" para dar ocupación a los numerosos cesantes. Más pronto se produjeron divisiones y conflictos entre los dirigentes revolucionarios. Los grupos moderados entre la burguesía se opusieron a las reformas radicales. Los obreros  recurrieron a las armas y se levantaron nuevamente.  El  gobierno  movilizó  las  tropas  que  en  sangrientas  luchas  callejeras  reprimieron  la  primera revolución obrera en Europa.

Luis Napoleón, un sobrino del emperador, hombre ambicioso que soñaba con restaurar el imperio, supo conquistar  la  confianza  de  amplios  sectores  de  la  población.  Con  gran  mayoría  fue  elegido  en  184 8 Presidente de la República. Cuatro años más tarde se hizo proclamar Emperador de los franceses (1852-1870).

Esta revolución se extendió, en forma simultánea, a los estados italianos, austriacos y alemanes, viéndose favorecidos por inventos como el telégrafo y los trenes que fueron fuente de dispersión, llevando rápidamente la información a los demás países. Una reacción nacionalista contra el internacionalismo centrado en Francia del periodo carbonario, capto gran parte de la izquierda y condujo  a las naciones a alzarse desde 1830 en forma espontánea y simultanea de forma separada contra las monarquías.

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