Las guerras civiles del periodo radical

En el periodo radical se liberaron las guerras civiles de 1876-1877 y 1885-1886; a ella contribuyó la norma establecida por la Constitución de Rio negro que limitó al Estado Central la posibilidad de hacer la guerra a los Estados soberanos, y en consecuencia el gobierno central contó con una fuerza reducida, la Guardia Nacional, cuyo único papel fue el de desfilar en las fiestas patrias. Sin embargo, los Estados Soberanos si formaron grandes y poderosos ejércitos, y la guerra se descentralizo; hubo entonces entre 1863 1885 más de cuarenta conflictos regionales; entre levantamientos y rebeliones. Algunas de ellas fueron las rebeliones de Cartagena, Barranquilla, Momil, San Antero, Purísima y Usiacuri, que enfrento el general Juan José Nieto como legitimo presidente del Estado Soberano de Bolívar, entre noviembre y diciembre de 1863, y que lo llevaron a renunciar al 11 de diciembre. En 1864, el general Joaquín Riascos encabezó un ejército con el fin de contener los excesos y crímenes del gobierno del Estado del magdalena y derribar a su presidente, el general José María Louis Herrera; Riascos terminó su campaña el 9 de diciembre de 1864, cuando desde el Valle de Upar envió al presidente provisional del Estado de Magdalena, Joaquín M. Vengoechea, su renuncia al mando de las fuerzas. La de 1869, en Boyacá, contra el presidente Felipe Pérez, derrocado del mando por un grupo revolucionario de corte draconiano; después de un enfrentamiento con los rebeldes, logró restablecer la legitimidad y, una vez alcanzado su propósito, renunció al cargo. Durante el bienio del general Julián Trujillo se produjeron problemas entre el gobierno central entre los estados de Cauca y magdalena, cuyos ejércitos fueron derrotados; algo parecido sucedió con Antioquia. En 1879, el general Eliseo Payán organizó un ejército para derrocar al gobierno del Cauca, de apellido Garcés, y triunfante le entregó el mando civil a Ezequiel Hurtado, quien fuera elegido presidente del Estado del Cauca.

La descentralización de la guerra también se hizo sentir en la administración y ejecución gubernamental. Hubo estados que progresaron mucho, como fue el caso de Boyacá, que bajo la administración del político y militar Sergio Camargo Pinzón logró organizar la penitenciaria de Tunja y la fundación de escuelas públicas y cárceles municipales; se construyeron caminos de importancia para el desarrollo de comercio interno y externo del Estado, como el de Sogamoso a Casanare y el de las minas esmeraldiferas de Chivor. Gestión administrativa que continuó José Eusebio Otálora, quien era un convencido de que para desarrollar al país había que industrializarlo; durante los cinco años (1877-1882) en que ejerció la presidencia  del Estado fortaleció la economía, el trabajo asiduo y la moral pública, apoyó la ferrería de Samacá organizo exposiciones ganaderas y agrícolas, estimuló la educación practica y la técnica y estableció numerosos talleres de arte y oficios.

La guerra de los Estados                      

La guerra de 1875-1876 tuvo un carácter político-religioso; la emprendió el partido conservador incitado por la oligarquía caucana, económicamente decadente y sin mayor poder político a nivel nacional, en contra del presidente del Estado Soberano, César Conto. Iniciada el 1 de julio de 1876, se dio como una lucha entre estados. Comenzó a partir del <<problema religioso>> que se suscitó a raíz de la enseñanza laica, adoptada con espíritu abiertamente antirreligioso y especialmente anticlerical, del Cauca la guerra se extendió a los Estados Soberanos de Antioquia y Tolima, que eran gobernados por conservadores, y desde allí se gestó la lucha contra los liberales que controlaban el Estado central. En Antioquia se armó un ejército de 13.000 hombres que se lanzó a la lucha en nombre de la región, con la convicción de que los liberales independientes, en pugna con el gobierno, los iban a apoyar; pero no fue así, y los nuñistas cerraron filas al lado del gobierno de Parra, quien logró reunir un ejército 25 hombres con el que logro triunfar en la contienda. Las tropas insurgentes fueron encabezadas por los generales Leonardo Canal, Manuel Briceño, Manuel Casabianca, Sergio Arboleda y Marcelino Vélez, mientras que las fuerzas del gobierno estuvieron al mando de los generales Julián Trujillo, Santos Acosta, Sergio Camargo y Tomas Rengifo, las principales batallas que se libraron durante esa guerra fueron las de los chancos, en las cercanías de Manizales, en las que se enfrentaron 5.300 soldados partidarios del gobierno radical contra 500 combatientes conservadores; sucumbieron 275 conservadores y 140 liberales. La de garrapatas (20 de noviembre de 1876) duro 2 días y fue una de las más cruentas y difíciles de las guerras civiles, lo que hizo que los dirigentes conservadores recapacitaran y buscaran un arreglo en el gobierno central, el cual se demoró en dar respuestas; pese a la derrota en la batalla de garrapatas, las hostilidades continuaron hasta el 28 de enero de 1877, cuando se libró la batalla de la Doña Juana, con la que se decidió el triunfo radical, y posteriormente las de Manizales y Mutiscua; la paz se selló con el acuerdo de Manizales. Una de las consecuencias de esta contienda fue la división entre los radicales y los liberales independientes, la cual llevó al hundimiento del proyecto radical, pues a partir de ella Rafael Núñez pudo organizar el movimiento de la regeneración. El radicalismo comenzó a perder apoyo y logró mantenerse algunos años más en el poder gracias a q los radicales se habían convertido en una camarilla con manejos manzanillos, controlaban el ejército y tenían influencia en la prensa.

La guerra contra Núñez

La guerra de 1885-1886 fue protagonizada por los radicales de  Santander, que se levantaron contra el gobierno presidio por Rafael Núñez y quien recibió el apoyo de los conservadores,  alianza que fue la base para la formación del Partido Nacional, el cual impulsó la Regeneración. La guerra comenzó en Santander y de allí pasó a Boyacá. Simultáneamente se adelantaron alzamientos en otros Estados Soberanos. Las principales batallas que se liberaron durante la guerra de 1885 fueron las del rio Sonso, Santa Bárbara de Cartago, Cartagena y El Salado. Los Principales jefes de las tropas regeneradoras fueron Marceliano Vélez, Leonardo Canal, Manuel Briceño y Rafael Reyes (1849-1921). Es particularmente importante el accionar de este último pues en nombre de la Regeneración lideró la reconquista de Panamá, donde los norteamericanos se habían aposentado abusivamente, campaña que se inició en Buenaventura, por vía marítima, y logró llegar al Istmo, restablecer el orden civil y militar y desalojar a las fuerzas invasoras de Estados Unidos. El triunfo de los regeneradores se decidió en la Batalla de Humareda, el 17 de junio de 1885, la cual dejó un elevado número de muertos. Al conocer la noticia, el presidente Núñez proclamó desde el balcón presidencial: <<La Constitución de Rio negro ha dejado de existir>>.

En general, las nueve grandes guerras civiles: la de independencia (1810-1824), la de los supremos (1839-1841), la de los esclavistas (1851), la clasista para derrocar al general Melo (1854), la de            Mosquera contra Ospina Rodríguez (1859-1862), la de los Estados(1876-1877), la de los radicales de Santander contra Núñez (1885-1886), la rebelión de 1895 y la guerra de los Mil Días (1899-1902) así como los múltiples conflictos regionales tuvieron como particularidad el implicar a todas las gentes de muy diversa clase social y formación profesional. Muchos de los grandes hombres colombianos del siglo XlX dieron continuos bandazos ideológicos; fácilmente pasaban de ser conservadores a liberales, de católicos a masones y viceversa, lo que hace pensar que las convicciones anticlerical no siempre fueron profundas, pues en un promedio alto se convirtieron nuevamente al cristianismo al llegar a la edad madura; defendían el matrimonio civil, pero sin llegar a contraerlo ellos mismos; proponían el divorcio, pero no quisieron hacer uso de él. Fueron posiciones asumidas más como un producto de una veleidad literaria inspirada en el racionalismo y en el romanticismo, que en un real convencimiento. Pes e a los esfuerzos que se hicieron por hacer más laica la sociedad, todavía dominaban modelos religiosos tradicionales, heredados de una cultura agraria como fue la colonial.  

 

 

 

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