Las Instituciones bizantinas

El emperador encarnaba el Estado, puesto que la monarquía era absoluta y de derecho, divino, y la figura del basileus representaba la norma viviente, cuya voluntad no podía ser restriñida, a la vez que era también el jefe del ejército. Se les consideraba santo, igual a los apósteles y propagador de la fe. Era elegido por la corte, el ejército y el senado de Constantinopla y lo aclamaba el pueblo demos de la capital. La coronación legitimaba al emperador, que tenía derecho a designar sucesor en vida. La emperatriz gozaba de los mismos títulos y privilegios que su esposo y ejercía gran influencia en el gobierno. El ¨sacro palacio¨ era la residencia del emperador, centro de la administración y sede de los consejos y las oficinas.

Los jefes de los distintos servicios y los consejeros del Estado formaban parte del consistorio del Príncipe. El magister officiorum, ministro del Interior y jefe de la casa imperial, era el primer dignatario de la jerarquía civil. El jefe de la cancillería dirigida las oficinas de expedición de órdenes, mandatos y rescriptos, y el jefe de la hacienda era el encargado del erario.
Al frente de la jerarquía militar se hallaban los generales-Jefes. En el siglo VI, aparecieron los exarcas, gobernadores generales de África e Italia.
El senado de Constantinopla y las asambleas constituían los organismos consultivos del Estado. Las asambleas generales se celebran en el Hipódromo de Constantinopla y en ella se definieron dos partidos: los verdes y los azules. En este último partido figuraban los aristócratas ortodoxos, que eran partidarios del orden establecido. El verde era el partido popular-monofisita y tenía un carácter innovador y reformista. Las grandes ciudades contaban con curias municipales presididas por el prefecto de la urbe o gobernador

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