Los hebreos

La historia del pueblo hebreo comenzó cuando Abraham emigró de la baja Mesopotamia hacia Canaán, posiblemente en época de Hammurabi. Los recién llegados fueron dominados hebreos (palabra que significa “gente de más allá”). Jacob, nieto de Abraham, fue llamado Israel y sus descendientes formaron las 12 tribus de israelitas y, más tarde, judío. A causa del hambre, la familia de Jacob emigro de Canaán a Egipto en época de la dominación de los hicsos. Sus descendientes disfrutaron de prosperidad durante varios siglos, hasta que los faraones del imperio nuevo comenzaron a hostigarlos y oprimirlos.

El caudillo liberador de las tribus Israelitas fue Moisés, quien los sacó   de Egipto y los condujo a través del desierto de Sinaí hasta los límites de Canaán. Este episodio y los acontecimientos que sucedieron después fueron decisivos en la vida del pueblo hebreo. Están narrados en el libro éxodo de la biblia, según el relato, Dios, a quien llamaron Jahvé los protegió y guió, dio las tablas de la ley o decálogo a Moisés y les manifestó su voluntad de hacer de ellos su pueblo predilecto. Durante los 40 años  que permanecieron en el desierto, Moisés combatió las creencias politeístas, afianzó la fe en un dios único, unió las tribus y fomento en ellas la conciencia de pueblo monoteísta, distinto a los otros y destinado por Dios a conquistar la tierra prometida.

Periodo de los jueces y los reyes

Para establecerse allí, los israelitas tuvieron que luchar durante años contra los filisteos y cananeos. En este periodo los jueces o jefes locales de las tribus mantuvieron la unidad religiosa y militar del pueblo. Entre los jueces sobresalieron sansón, por su fuerza, y Samuel, por su prudencia. El cambio de vida experimentado por las tribus de pastores al hacerse sedentarias en Canaán y la necesidad de unirse más para combatir a los filisteos, los llevo a crear el estado monárquico en el año 1040 a.de.c. David, rey guerrero y poeta, venció a los filisteos y se apoderó de la única ciudadela que aún  conservaban  los cananeos. En ella fundó Jerusalén, la capital del reino. Le sucedió su hijo Salomón, quien embelleció la capital e hizo construir el templo; durante su reinado, el estado israelita vivió su periodo de grandeza y prosperidad. La estratégica situación de Jerusalén la convirtió en rico centro comercial.

A la muerte de Salomón estallo una sublevación. El país se dividió en dos reinos: Israel al norte, formado por 10 tribus, y Judá al sur, integrado por las tribus de Judá y benjamín. El primero de dichos reinos desapareció al ser conquistado por los asirios en el sigo Vll a.de.c.; el Judá logro sobrevivir pagando fuertes tribus, pero en el 586 a.de.c.; los ejércitos del Imperio neobabilonico tomaron a Jerusalén, destruyeron el templo y se llevaron cautivos a sus habitantes. La independencia del ´pueblo hebreo había terminado.

La época de los profetas

Mientras el pueblo estuvo dividido en dos reinos, sus guías espirituales fueron profetas quienes condenaron el lujo, las injusticias de los ricos y la idolatría en que habían caído, y anunciaron grandes castigos por la infidelidad a jahvé. Durante el cautiverio, los profetas afianzaron la fe y  mantuvieron la esperanza de regreso en la patria. Entre los profetas sobresalieron: Jeremías, Ezequiel, Malaquías, Daniel e Isaías.

Al imponerse la dominación persa en todo el cercano oriente, Ciro autorizo el regreso y la reconstrucción del templo. Desde entonces los sacerdotes fueron los dirigentes del pueblo, pero el país hebreo nunca mas recuperó la independencia.

El monoteísmo hebreo único antes del cristianismo

La importancia territorial y política del pueblo hebreo fue nula. Al pasar de pastores errantes a la vida sedentaria, su gobierno, economía y organización social fueron iguales a la de los pueblos semitas. En sus construcciones y técnicas hubo fuertes influencias de Mesopotamia, Egipto y las ciudades fenicias. Sin embargo, fue un pueblo de extraordinaria originalidad: los hebreos fueron los únicos entre los pueblos que adoraron a un solo Dios. Esta creencia acondicionó su vida, que  los a mantenido desde la antigüedad  hasta nuestros días.

El fundamento de la religión lo constituía la alianza pactada en el Sinaí entre Jahvé y el pueblo. Los israelitas entendían que Jahvé los había escogido entre todos los pueblos de la tierra y por ellos los liberó de la esclavitud en Egipto los protegió a través del desierto e inspiró a Moisés, su caudillo.

Jahvé era considerado como el único y verdadero Dios, y creador del cielo y la tierra, cuyo amor movía al pueblo a adorarle y amarle, pero también a temerle porque se encolerizaba cuando le era infiel y se postraba ante los dioses de los pueblos  vecinos. El hebreo debía cumplir estrictamente la ley o Torah. Entre los preceptos mas severos figuraban lo prohibición de adorar a otras divinidades y de representar a jahvé en pinturas o esculturas. Esto exigía de los hebreos un extraordinario esfuerzo, porque estaban rodeados de pueblos politeístas, con múltiples dioses, a quienes representaban en magnificas esculturas y pinturas.

El cuto era sencillo y simple: ofrecer sacrificios, guardar el descanso del sábado, presentarse en el templo, circuncidar a los niños y celebrar las fiestas. Entre ellas, las de pascua y los tabernáculos, que evocaban respectivamente la salida de Egipto y la vida en el Sinaí, y otras como las Primicias, la Recolección y el año nuevo, relacionadas con la siega y la ofrenda de los primeros frutos recojidos.los sacerdotes se acogían  en la tribu de Levi, por lo que eran llamados levitas.

Esta fe y las normas religiosas y jurídicas habían sido codificadas por acción de los profetas del rey no de Judá en el Deuteronomio (que significa segunda ley), hacia fines del siglo Vlll a.de.c. desde el regreso de los cautivos de babilonia y la restauración del templo, en el siglo Vl a.de.c., la fe monoteísta, el culto y la moral se consolidaron definitivamente. Quedaron codificados como ley y la religiosidad se aferró al estricto cumplimiento de ella. Sacerdotes y doctores de la ley vigilaban celosamente la fidelidad a las normas.

Algunos profetas anunciaron que jahvé enviaría un Mesías o salvador del pueblo, pero no había claridad sobre el sentido y el momento de esa salvación. Siglos más tarde, Jesús de Nazareth proclamó que era el Mesías prometido.

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