Los macedonios



Los macedonios

Macedonia era una región situada al norte de Grecia, de territorio áspero y montañoso. Habitada por gentes de carácter guerrero, mezcla abigarrada de pastores y soldados, estos habitantes eran considerados como barbaros por los griegos clásicos. Alejados del mar, ignoraban el comercio, se hallaban dispersos y carecían de ciudades e instituciones políticas.

Al subir Filipo II (350-336 a. C.), al trono de macedonia, el peligro comenzó a amenazar de veras a los griegos del sur. Este rey instruyo y mejoro a su ejercito; poco a poco fue anexionándose los barbaros países vecinos y con hábil estrategia se aprovechó de la debilidad y la querellas entre atenienses, espartanos y tebanos, para hacerse dueño de todas las ciudades del norte Grecia y conseguir el gran objetivo de su vida: la hegemonía sobre todos los estados griegos, otro de los objetivos de Filipo, luego de conseguir la unificación de las ciudades griegas,-y antes de morir-, era tomar revancha del imperio persa. Recordemos que siempre existió entre los griegos y los persas una disputa por el control del mar y los territorios.

LA FIGURA DE ALEJANDRO MAGNO

El hijo de Filipo llego a ser uno de los mas famosos conquistadores de su tiempo, pese a q solamente vivió 33 años. Había sido educado por Aristóteles, de quien aprendió lo mejor del saber de aquel momento. Se ha dicho del que era un griego modelo y un bárbaro perfecto.

Fue reconocido rey de los macedonios, y en la primavera del año 334 a.C. partió de Grecia al frente del mejor ejercito de aquella época, constituido por 4 500 jinetes y 30 000 infantes, hacia la conquista del vasto Imperio Persa.

La historia tradicional nos habla de un hombre valiente y de poderosa personalidad; lo cierto es que sin su ejército y la superioridad que demostró, no hubiesen sido posibles sus victorias. El núcleo del ejército macedonio era la falange. Cada falange estaba constituida por 16 000 hombres dispuestos en fila de 1000 de frente y 16 de profundidad. Los guerreros de las seis primeras filas mantenían en el combate sus lanzas inclinadas, a fin de que los dela las filas de atrás pudiesen esgrimirlas también hacia adelante. Así, la falange parecía un monstruoso animal erizado de puntas de hierro contra las que se estrellaba el enemigo. Avanzaba lentamente o permanecía quieta, mientras la caballería atacaba por los costados

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