LOS OSTROGODOS EN ITALIA

Desde 476, Odoacro fue el dueño de Italia. Proporciono al país unos años de prosperidad que se vio truncada por la invasión de los ostrogodos, quienes, de acuerdo con Zenón, emperador de Oriente, se apoderaron de Italia en 493. El imperio bizantino intento salvar la tradición romana encomendado el gobierno de Italia al rey godo Teodorico (493-526).

 Este estableció un reino personal que rigió desde Ravena, sede de la nueva corte. El sueño de Teodorico era crear un gran imperio germánico, a imagen del romano, federando los pueblos germánicos. Para ellos inicio un notable despliegue diplomático y concertó alianzas matrimoniales con los francos, burgundios, vándalos y visigodos. Se rodeo de buenos colaboradores y consejeros. Algunos de ellos, Ciberio, Boecio y Casiodoro, eran romanos y prestigiaron su largo reinado con un renacimiento cultural y artístico de inspiración clásica. El dominio ostrogodo fue bien aceptado por la población sometida. Los godos se quedaron un tercio de la tierra de cultivo y dejaron el resto en manos de los italorromanos, procurando estabilizar así las condiciones de vida. Pero la aristocracia romana y el clero católico esperaban que Bizancio actuara para acabar con la independencia de Teodorico endureció su política respecto de los vencidos. A este clima de enfrentamiento se añadía el arrianismo real. Los manejos del partido probizantino, que era católico, provocaron el ataque de Teodorico al senado y al pontífice Juan I, que murió en la cárcel.
A la muerte de Teodorico, su hija Amalasunta asumió la regencia de su hijo Atalarico y emprendió una campaña de acercamiento a Constantinopla. Muerto Atalarico (534), Amalasunta encontró sucesor en Teodato, su esposo, quien le confino y mando asesinarla. Desde entonces las relaciones entre arrianos católicos se deterioraron. Justiniano encontró en ellos el pretexto para emprender la invasión de Italia.

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