Octavio Augustus

Octavio consiguió añadir a los títulos de emperador y cónsul (43 a.C.) el de prínceps senatus (28 a.C.) y el de prínceps, para abdicar de todos los cargos judiciales y conseguir que el senado le nombrara Augustus (27 a.C.), lo que le otorgaba una categoría de semidiós y le permitía, con el otorgamiento por parte del senado en el 23 a.C. de un imperium perpetuo y superior al resto de magistraturas. Completar el círculo de su poder omnímodo.

Con el senado en sus manos, las magistraturas sometidas y el respaldo del ejército, Octavio gobernó prácticamente como monarca absoluto. La pax romana reino en el imperio, se normalizaron las costumbres y se restauró la religión tradicional. Octavio acometió grandes obras públicas y de ingeniería, llevo a cabo una profunda reforma administrativa y protegió mediante  mecenazgos las artes y las letras. Los ejércitos romanos lucharon contra los germanos en las regiones del Rin y el Danubio, conquistaron Judea y, dirigidos por el propio Octavio, terminaron con los últimos focos de resistencia cántabro-astures que quedaban en el norte de Iberia.

 

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