Indios Caribes: Los callinagos

Los callinagos son los tupís isleños, que formaron después bajo el nombre de caribes—guerreros—una nueva familia de hábitos y lenguaje distinto. Creíanse una raza única, oriundos de Hiali, nacido de la conjunción de la Luna con una doncella y cuya alma fue llevada a su padre por el yarete, el célebre colibrí de hermoso copete y vistoso plumaje.

Las señales de culturas indígenas en las Pequeñas Antillas proceden principalmente de las observaciones realizadas en las islas de Dominica, Guadalupe y San Cristóbal. Esta información indica que los indígenas callinagos, o la llamada isla Caribe, no alcanzó la complejidad y el grado jerárquico de las organizaciones sociales y políticas que caracterizaron a sus vecinos de las Grandes Antillas. En lugar de esto, los callinagos mantuvieron un tipo de organización sociopolítica de carácter más tribal o igualitaria, aunque también se han encontrado elementos específicamente políticos e ideológicos desarrollados en la cultura de las Grandes Antillas, aunque en una forma más simple. En virtud de su ambiente isleño, los callinagos también tuvieron acceso a los ricos recursos del mar Caribe. Pescado, langostas y cangrejos, tortugas marinas, manatíes, constituían las dietas alimenticias principales. Cuando se agotaban, los más importantes eran los animales terrestres. Los productos del mar y la caza se complementaban con los productos obtenidos por el proceso de agricultura de rozas.

 Los asentamientos callinagos eran pequeños, y comprendían aproximadamente de 30 a 100 individuos y generalmente estaban situados cerca de los ríos de agua fresca. Una aldea solía componerse por la familia extensa de un «hombre de importancia» que residía viricalmente con varias esposas, porque los jefes practicaban la poliginia y también recibían las mujeres capturadas en la guerra. Sus hijas casadas y los hijos de éstas, y sus maridos, también vivían allí.

 Desde el punto de vista físico, una aldea comprendía una espaciosa casa comunitaria colocada en el centro de un lugar despejado donde el jefe, sus hijos políticos y los hijos menores pasaban los días cuando estaban en casa. En torno a esta gran estructura estaban los alojamientos para dormir y las cocinas, una para cada esposa y sus hijas y yernos. El puesto de mando que confería la jefatura de una aldea se expresaba ampliamente por el tamaño de la familia y especialmente por el control ejercido sobre los hijos solteros y los hijos políticos residentes que cuidaban los jardines, construían probablemente las casas y pescaban para el jefe. Los jefes tenían también esposas en otras aldeas, incluso en otras islas, a quienes visitaban periódicamente. Tales vínculos ampliaban la esfera de influencia personal de un jefe más allá de las comunidades próximas. Las operaciones de guerra, generalmente dirigidas contra otros pueblos antillanos alejados, incluso contra grupos de Trinidad o del subcontinente de América del Sur, muy próximo a las islas, constituían otra vía que conferir prestigio político a los pocos que por su resistencia y valor en las incursiones, y por sus consejos en la guerra eran aceptados finalmente como jefes guerreros. Los hombres que poseían y dirigían las enormes canoas, en las que se hacían los largos viajes hacia las islas enemigas, también alcanzaban posiciones de honor e influencia. Los triunfos bélicos, en forma de incursiones hechas por sorpresa, daban prestigio a los guerreros vencedores y proporcionaban valiosos botines.  Es digno de tener en cuenta que en las Grandes Antillas el papel más evolucionado de jefe reunía los tres factores de la jefatura en un solo cargo. Los dirigentes callinagos que triunfaban como jefes en las Grandes Antillas, expresaban las pruebas materiales de su status con ornamentos valiosos, aunque los artículos suntuarios se utilizaban en una escala menor que en las grandes islas. Los artículos más valiosos y prestigiosos procedían de localidades lejanas a donde los guerreros se aventuraban. Los principales artículos eran las armaduras de oro en forma de semicírculo, o caracoli, que llevaban los jefes y sus hijos, adquiridas por intercambios u obtenidas en las incursiones hacia el continente en el nordeste de América del Sur. Los viajes de los callinagos los llevaban a la región de Cumaná, al golfo de Paria y el delta del Orinoco donde podían relacionarse con los pueblos continentales del nordeste de Venezuela, de los llanos al este y del curso bajo del Orinoco así como con grupos originarios de las Guayanas, más al Sur. La población de la costa nororiental y del Macizo Oriental que se alimentaba de la pesca abundante y la agricultura, se organizaba asimismo en sociedades avanzadas, aunque las unidades políticas del golfo de Paria parecen haber sido pequeñas y organizadas de una manera menos compleja que las del oeste .

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