América Latina entre (1918 – 1929)

 Este es un periodo de nuevos avances de la expansión económica de los Estados Unidos sobre América Latina. La apertura del canal de Panamá en 1914 favoreció la invasión del capital y las manufacturas norteamericanas sobre los países del Pacífico, Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú y Chile. Los capitales norteamericanos iniciaron entonces sus operaciones en gran escala en América del Sur y en unos pocos años (1919-1929) duplicaron sus inversiones de 2 mil millones de dólares a 5 mil.

Este descomunal desarrollo de la expansión norteamericana fue casi absoluto en la etapa anterior, sobre todo en América del sur, en estos años se hizo sentir la presencia norteamericana por primera vez, principalmente en el área centroamericana y del Caribe. Los infortunios de Alemania y Francia y el desplazamiento de Inglaterra como eje financiero y comercial del mundo dieron la pauta para la futura hegemonía norteamericana en todo el continente. Estas circunstancias crearon la coyuntura para que Estados Unidos penetrara al cono sur, zona de predominio británico, afectada por las crecientes modalidades parasitarias del capital inglés. Ello estuvo asociado también al fin de la era del ferrocarril, cuando la emergente industria automotriz norteamericana estuvo capacitada para hacerle frente a los viejos sistemas británicos de transportación. Por otra parte la ocupación militar norteamericana de varios países de Centroamérica y el Caribe alimentó los sentimientos de rebeldía en vastos sectores populares de América Latina. De ahí la espontánea reacción armada de campesinos en Haití  y República Dominicana (los gavilleros) e incluso la resistencia a las agresiones directas de Estados Unidos de sectores gubernamentales nacionalistas-liberales como el nicaragüense José Santos Zelaya (1909), el dominicano Federico Henríquez y Carvajal (1916), el venezolano Cipriano Castro (1908) así como Francisco I. Madero y Venustiano Carranza en la extraordinaria revolución mexicana de 1910-1917, representativa del estallido de violentas revueltas campesinas, junto al auge de las luchas obreras y la formación de partidos comunistas bajo el impulso que representó el triunfo de la revolución rusa (1917).

Otras expresiones fueron la radicalización de las capas medias (Reformas de Córdoba extendía después por casi toda la América Latina, el tenentismo brasileño, coronado por la legendaria marcha de la Columna Prestes, etc.), así como el auge de movimientos populares antiimperialistas como el de Augusto César Sandino en Nicaragua y la fundación de Ligas Antiimperialistas, junto a la creación en México (1924) de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) por Víctor Raúl Haya de la Torre. Desde otra perspectiva, el estallido de la primera guerra provocó la desvinculación temporal de algunos países de sus proveedores tradicionales, principalmente aquellos ubicados en la zona de influencia inglesa, y ello impulsó el crecimiento e hizo posible el ascenso de nuevos grupos burgueses decididos a desplazar a la vieja oligarquía exportadora. La tendencia a relevar a los tradicionales grupos de poder por emergentes grupos burgueses o pequeño burgueses, se generalizaría en América Latina después de 1929, sin que por ello la burguesía comercial y terrateniente perdiera en lo fundamental su preeminencia económica.

Sus manifestaciones en esta etapa se expresaron en el Uruguay con los regímenes ballistas y sobre todo durante el gobierno de Batlle y Ordoñez de 1911 a 1915; en la Argentina con el predominio del Partido Radical de Hipólito Irigoyen, en particular durante su mandato de 1916 a 1922 y en México como resultado de la primera revolución social del siglo XX. Pero el carácter del proceso de industrialización por «sustitución de importaciones» -que por razones estructurales y coyunturales agota sus posibilidades en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial- no propició abiertos antagonismos entre la naciente burguesía industrial y la oligarquía tradicional. Incluso hubo casos, como México (Carranza, Obregón y Calles) y el Brasil de la Republica Velha, de temprana asociación entre ambas.

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