Segundo viaje de Colon

El 25 de septiembre de 1493 Colón zarpó de Cádiz a la cabeza de una gran expedición de 17 barcos y unos 1 500 hombres (no había mujeres a bordo) para fundar una colonia permanente en las islas descubiertas. En La Española se encontró con que los nativos habían destruido el poblado de La Navidad y dado muerte a los españoles para vengar los saqueos que éstos habían cometido. Era un hecho ominoso que revelaba la verdadera calidad de los hombres: aventureros dados a las pendencias, con intenciones no muy distintas de las del propio Colón, pero manifestadas de manera mucho más baja. Se habían jugado el todo por el todo para llegar a esas tierras a obtener la riqueza y la posición social que, en general, se les habían negado en su país. Es evidente que no les interesaba establecerse para labrar la tierra o comerciar en paz con los nativos; a fi n de cuentas, había grandes reservas de mano de obra indígena que podían explotar para enriquecerse y vivir como señores cuando volvieran a España. Contrariado por la destrucción de La Navidad, Colón zarpó hacia el este en busca de otro sitio para fundar una factoría al estilo portugués como las de la costa africana.

Edificó una colonia a la que llamó La Isabela en honor de la reina, en un lugar bastante mal elegido, y desde allí envió expediciones a Cibao para localizar la fuente del oro de los nativos. Luego emprendió un viaje de exploración que lo llevó de nuevo a Cuba y alrededor de Jamaica, y en septiembre de 1494 volvió a La Isabela, donde una vez más se encontró con problemas de indisciplina entre los españoles: una facción de catalanes se había rebelado contra su hermano Diego, a cuyo mando había dejado la colonia. Enfrentando una tensión creciente entre su vocación de explorador y comerciante (reconocida en su alta dignidad de almirante del Mar Océano) por una parte, y sus funciones como gobernador de la nueva colonia española (virrey de las Indias era el segundo título) por la otra, Colón intentó saciar las ambiciones de los españoles sublevados que esperaban recompensas rápidas de la colonización: autorizó más expediciones brutales al interior para buscar oro e hizo un repartimiento de indios cautivos para dotar de mano de obra a los colonizadores.

También se propuso iniciar el comercio de esclavos para mejorar las perspectivas económicas de la factoría, y envió a España un barco cargado con unos 500 indios (dos centenares murieron de frío durante la travesía y casi todos los demás perecieron poco después de llegar al mercado peninsular). Las tribus indígenas de La Española se rebelaron y marcharon sobre La Isabela, pero los españoles sofocaron fácilmente la revuelta con armas de fuego y perros feroces.

historia de américa latina Edwin WIillianson

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